La Dignidad y la Nobleza del Ser Chicheño (2º parte)


En los chichas, en este lugar poblado de huertos, de ríos cantores, de Palkis y mollares; de cardos floridos y de profusos pajonales se tejieron grandes movimientos de lucha y emancipación, acontecimientos que le dan un relieve particular a esta nación chicheña dentro la historia nacional.

Una epopeya que los republicanos oligarcas no quieren contar en sus libros de historia, ni en sus programas de educación porque alimentaría la rebelión del ser chicheño. Entonces saldríamos a exigir nuestros derechos históricos de justicia y esclarecimiento. Lo que permitiría al CHICHEÑO adquirir un identidad y un territorio autónomo libre de los manoseos oligárquicos del poder.

Las más importantes e históricas luchas de emancipación se llevaron a cabo en los chichas: la primera batalla en Cotagaita, un (27 de octubre de 1810), luego en Suipacha (7 de noviembre de 1810), y la última batalla en –Tumusla (25 de mayo 1825), –principales batallas de la independencia suramericana.

La Dignidad y la Nobleza del Ser Chicheño

La Nación Originaria de “los chichas”


La nación originaria chicheña es una nación clandestina para la historia oficial de Bolivia. En cambio, para los mink’as (incas) fue una de entre la más importantes por su aporte a las élites de Tawantinsullum (tawantinsuyu), aporte que significaba en oro y plata de las regiones del Chokaya y Portugalete, y de contingentes chicheños para los enfrentamientos bélicos con tribus del sur de Colombia.

Los chicheños hicieron su aporte a la historia de la emancipación de la Naciones Unidas del Sur, después llamada Provincias Unidas del Río de la Plata fue una región estratégica para los acontecimientos históricos de luchas y resistencia suramericana.

La primera batalla de la EMANCIPACIÓN suramericana fue en Cotagaita; la segunda batalla fue en Suipacha-Tupiza, y la última batalla en Tumusla, todas en territorio chicheño, con personajes como Balcarce, Dorrego, Miguel de Güemes, Belgrano, Rondau, Castelli, el chapaco Moto Méndez y el chicheño Pedro Arraya héroe de Suipacha.

Los chicheños, –cholo-mestizos– son joviales, distinguidos y de fácil ocurrencia; tienen la cualidad romántica inspirada en sus verdes valles, quebradas y ríos caudalosos en verano. Del chicheño auténtico originario dicen que tenía la piel del Palki, de pigmentación oscura propia del Th’uru, nuestro antepasado chicheño.

El orgullo del chicheño y su arrogancia es casi siempre incomprensible, será tal vez porque la herencia genética de injusticias y oprobios se rebela y alborota en la sangre del natural de esa región. Es la manifestación de la rebeldía de Lazo de la Vega, del coronel Pedro Arraya, Dámaso Chorolque, la actitud del Coronel Carlos Medinaceli, Rufino Carrasco héroes chicheños que viven en el tiempo y el espacio chicheño esperando justicia y reconocimiento.

Por otra parte, el chicheño es intelectual y soberbio, gallardo y tierno a su vez. No le molesta las cargadas o los chistes subidos de tono, es más, se burla de sí mismo con tal de pasarlo bien entre los amigos ocasionales. Como dice el genial compositor, Don Willy Alfaro en el tema, “Qara zapatu” que es una descripción satírica de la arrogancia del ser tupiceño ......... El chicheño es también amante del buen singani y la buena chicha y que no falte un plato de Palki Uchu, un tamal y las más apreciadas humintas. Él dice: “si hay chicha y tamal la vida no está mal”.

La mujer chicheña es original, no se compara con la gallardía de la mujer cruceña, tampoco con la estampa cochabambina ni con la simpatía del la mujer tarijeña, ella es única, tiene la simplicidad, el encanto y la dulzura de un durazno maduro, como diría el poeta Gonzalo Hermosa “Lista para Qh’achirla”. Su caminar airoso, de curvas brillantes invitan al morbo y a la fantasía. Su estatura no es imponente, más bien mediana y rebelde como el agua entre los dedos que se escapa al primer intento de maltrato.

Es tan jovial y tan natural que no se escandaliza de los hechos reales de la vida, ella puede decirte sin perder compostura, con naturalidad, por Ejemplo: –Ay waway, “el hombre que no tiene cuernos es como un jardín sin flores”. Otra: – ¡No te preocupes waway!, “ los cuernos son como dientes postizos, al principio molesta después uno se acostumbra”.

El mayor encanto en la mujer chicheña es cuando habla, tiene la costumbre de mezclar la lengua ancestral con el castellano en modismo como: “qanllapajchu kayman, –¿Qué crees que soy solamente para vos?– “mira este sonso se había creído” “¿Quién te ha dicho pues que me quieras?, ujta mask`arikunayki qarqa áh.. –otra debías buscarte pues–”. Ya en la novela de Carlos Medinaceli, en “La Ch’askañawi”, describe a la mujer chicheña como rebelde, altiva y orgullosa de su pollera y tradición de mestiza chicheña.